El descenso del Atlético

El descenso del Atlético

LA CAÍDA ROJIBLANCA AL INFIERNO


Hace ya unos años, el Atlético de Madrid vivió uno de los momentos más desoladores de su más que centenaria historia: el descenso a la segunda división del fútbol español, sellado con un empate 2-2 en el estadio Carlos Tartiere de Oviedo, el 7 de mayo del 2000. Este resultado fue un golpe devastador para el equipo rojiblanco, cuya caída fue consumada tres jornadas antes de concluir la temporada.

Esa fecha es recordada como una de las más nefastas en la historia moderna del club, y para los aficionados más jóvenes, aquellos que han disfrutado de una década llena de triunfos, este evento puede parecer casi una narrativa distópica. La imagen de un Atlético luchador quedó marcada por aquella tarde en la que enfrentaron al Oviedo, equipo dirigido, curiosamente, por la leyenda rojiblanca, Luis Aragonés.

El Atlético, dirigido entonces por otra leyenda del club, Radomir Antic, y con figuras
que habían saboreado la gloria de ganar la liga y la copa pocos años atrás, no logró
cambiar su suerte en aquel crucial encuentro. El Oviedo, que se jugaba también la
permanencia, tomó la delantera en el marcador y, aunque el Atlético logró igualar el
encuentro, un penalti fallado por Jimmy Floyd Hasselbaink, que curiosamente acabó tercero en la clasificación del Pichichi, hacia el final del partido selló su destino.

Aquella temporada trágica reflejó una campaña marcada por la inestabilidad, cambios en el banquillo y problemas judiciales que sacudieron al club. Aquel descenso no solo fue un revés deportivo sino también un punto de inflexión que, eventualmente, llevó a una profunda reestructuración y revitalización del Atlético, culminando en los éxitos que se celebran hoy en día.

Más de veinte años después, aquel descenso aún resuena como un recuerdo doloroso, pero también como un recordatorio de que incluso los gigantes pueden caer, y lo que sigue puede ser una historia de resurgimiento y triunfo.

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