La Liga del Dépor

La Liga del Dépor

La liga del nuevo milenio


El 19 de mayo de 2000, el Deportivo de la Coruña conquistó el histórico campeonato de liga, borrando en parte la cicatriz que dejó el final de la liga de 1994, con el Súper Dépor, y el famoso penalti fallado de Djukic en el último minuto que hubiera dado el primer título liguero a la entidad gallega. Esta vez sí hubo un final feliz.

Fue una liga muy igualada, de baja puntuación, y con diversos equipos con opciones para ser campeón hasta el final. Pero el Dépor, tras un inicio algo titubeante, consiguió el liderato en la jornada 12, y ya no lo volvió a soltar hasta hacerse campeón en la última jornada. Desde la jornada 10 hasta la 16, el Dépor logró un pleno de victorias que a la postre resultaron decisivas para el triunfo final. Ya nadie le dio alcance. Entre los artífices, indudablemente estuvo el presidente Lendoiro, que volvió a acertar en los fichajes, y dotó al míster de una plantilla  competitiva. También tuvo mucho peso desde el banquillo el técnico vasco Jabo Irureta, que había llegado un año antes, y afianzó el proyecto dando solidez a un equipo brillante pero algo irregular, sobre todo fuera de Riazor. De hecho, el título solo se puede explicar desde el rendimiento y grandes actuaciones en el feudo herculino, que se convirtió en un fortín durante toda la liga, y vivió noches mágicas como contra el Madrid, Celta o Barcelona. Más irregular estuvo fuera de casa, donde demasiadas veces actuó de forma algo conservadora y timorata, hecho que casi le cuesta el título.

 

El once base y los suplentes importantes.


El once tipo del Dépor campeón se compuso de diferentes jugadores clave e insustituibles, con otros que complementaban y daban la rotación necesaria para tener un equipo compacto y fiable. Era una plantilla equilibrada y larga. En la portería estaba el camerunés Songo´o, que había llegado unas temporadas antes y se asentó en el equipo titular, quitándole la titularidad a Petr Kouba. Songo´o tuvo una gran temporada, haciendo valer su gran agilidad y sus virtuosos reflejos.

En la parcela defensiva, destacaron el veterano Donato y el contundente Naybet en el centro de la zaga. El marroquí hacía de corrector aprovechando su velocidad y fuerza en el corte, y el brasileño era el encargado de iniciar con fluidez el juego desde atrás. Ambos se mostraron siempre poderosos en el juego aéreo, marcando Donato más de un gol importante. El argentino Schurrer también cumplió cuando tuvo que suplir a alguno de los centrales titulares. En los laterales, fundamentales todo el año, brillaron Manuel Pablo por la derecha y Romero por el flanco izquierdo, formando una productiva sociedad con sus respectivos interiores. El canario hizo alarde de un imponente físico y sus subidas eran constantes, formó un buen tándem con su compañero de banda, Víctor. Su suplente también estuvo solvente, el argentino Scaloni, que jugó indistintamente de lateral como de interior. Lionel, a pesar de no ser excesivamente brillante en el apartado técnico, se ganó el cariño de la grada por su espíritu combativo y gen competitivo, todo pasión y hombre importante en las remontadas. Actualmente, Scaloni ha vuelto a ser noticia, ya que ha sido el seleccionador que dio el último mundial a Argentina, aunque eso sí, adoptando un perfil más bajo y reflexivo que el volcánico interior que fue como futbolista. Esa banda derecha era eléctrica, incisiva, con constantes permutas y centros al área que tantas veces aprovecharon Roy Makaay y Pauleta. La banda izquierda tenía otro perfil. Romero, Fran y los continuos apoyos de Djalminha, destacaban por un juego más pausado, de toque, control de posesión, fluidez y exquisitez técnica. Menos vertical que la banda derecha, pero igual de brillante y productiva.



En el doble pivote brilló el imprescindible e incombustible Mauro Silva, testigo como Fran y Donato del Súper Dépor de Arsenio. El brasileño dotó de consistencia, trabajo, presión, ayuda en la salida… era ganador de casi todos los duelos. Jugador inolvidable para el aficionado blanquiazul, y que sin su figura no se entienden esos exitosos años herculinos. Mauro es considerado con toda justicia como uno de los mejores pivotes de la historia del futbol, y tuvo una temporada a la altura de su trayectoria. A su lado se alternaron Flavio Conceiçao y Jokanovic, complementando la labor de Mauro y descolgándose en ayudas más ofensivas. La mediapunta formó parte del icónico Djalminha, un mago. El brasileño, esa temporada mostró su mejor versión, y eso es mucho. Dejó atrás al ciclotímico artista, para convertirse en el líder ofensivo del equipo. Una de las estrellas de esa liga, sin duda. Más práctico que nunca, Djalma se comprometió al máximo, y eso es fútbol y magia a raudales. Además, en determinadas situaciones retrasó muchas veces su posición para dar más fluidez al juego, ayudar en la salida de balón, se asoció y nos deleitó brillantes momentos de fútbol con los dos interiores. Tenía una química especial con Fran, dos zurdas exquisitas. Pero todo ese compromiso fue envuelto por detalles técnicos inolvidables, asistencias perfectas, caños imposibles, faltas certeras, bicicletas… y hasta una lambretta ante el Real Madrid que aún recordamos. Sus salidas de tono fueron mínimas, y vimos esa temporada su mejor de sus caras. Un goce constante, y uno de los jugadores más mágicos que han pasado por la liga.

En la parte más ofensiva, los delanteros, aprovecharon el caudal de talento y las continuas asistencias de los creativos hombres de atrás. También tuvieron relevancia. Makaay, gran fichaje de Lendoiro ese verano, anotó 22 goles, y el Turu Flores 8, los mismos que el portugués Pauleta. El holandés gozó de más titularidades, se entendió de maravilla con sus nuevos compañeros y marcó diferencias con su velocidad y definición en ambas piernas.

 

19 de mayo del 2000. El día del título

Después de tantas jornadas aguantando la presión del liderato, llegó el día de finiquitar la liga. El 19 de mayo de 2000, otra vez en Riazor, contra el Español, y otra vez había que ganar, como en el fatídico día contra el Valencia años atrás. Pero ese día iba a ser diferente. Las meigas esta vez no se presentaron por el estadio, y ya desde los primeros minutos un cabezazo de Donato y un remate de Makaay adelantaron al Depor, y apaciguaron los lógicos nervios de la hinchada. Riazor se volvió una fiesta. Además, el Barcelona, el principal rival, perdía en la Romareda, y el pitido final dio inicio a una histórica celebración, de una liga, que muchos consideraban que se le debía al Depor. Por fin el título se hizo realidad.

Regresar al blog